
Gilda Zepata vive en la parte oriental de Guatemala, en el “corredor seco”, en donde casi la mitad de todos los niños sufren de malnutrición y los campesinos luchan diariamente por alimentar a sus familias, mientras que sus cosechas son afectadas por desastres naturales y la degradación de la tierra.
Esto puede cambiar. Canadá está cooperando con el Programa Mundial de Alimentos para impartir capacitaciones a Gilda y a muchos otros en esta región para ayudarlos a incrementar sus cosechas y obtener buenos precios por sus cultivos.
La Agencia Canadiense para el Desarrollo Internacional y el Programa Mundial de Alimentos (WFP en inglés), están comprometidos en el proyecto llamado Compras para el Progreso (P4P en inglés), para ayudar a campesinos a incrementar su producción a través de la asistencia técnica y financiera mientras se asegura que los productos son comprados, ya sea directamente con ellos por compradores locales y extranjeros, y/o a través de la compra directa con el WFP. Esto con la finalidad de abastecer de alimentos a otras áreas de la región que han sido afectadas por la inseguridad alimentaria.
Después de la capacitación, Gilda estaba ansiosa por probar lo que ella había aprendido sobre las practicas mejoradas de producción, manejo post-cosecha, comercialización y fortalecimiento organizacional: “Voy a invertir más en el cuidado de mi maíz, no sólo para mi propio consumo, sino que también para la venta. Veré si el esfuerzo ha valido la pena”, dijo la mujer de 38 años.
Para poner a prueba las nuevas prácticas agrícolas, Gilda decidió sembrar tres manzanas (2.1 hectáreas) de maíz. Aplicó lo que había aprendido en los talleres de capacitación: plantó sólo una semilla por agujero, hizo los agujeros uno cerca del otro, introdujo el fertilizante dentro de la tierra en vez de esparcirlo sobre la superficie, y usó el fertilizante y aditivos químicos de acuerdo al desarrollo de las plantas. Todo esto requiere mucho más trabajo que antes, y representa costos más altos.
Sin embargo, las prácticas agrícolas nuevas le permitieron triplicar los rendimientos de sus cosechas en comparación a las antiguas. Ella cosechó 170 quintales de maíz por manzana (alrededor de 11 toneladas por hectárea). Gilda vendió un tercio de sus cultivos como elote fresco justo después de la cosecha, y del resto, dos tercios los vendió como granos de maíz seco y sin cáscara. Con esto, ella obtuvo un ingreso de más de Q2 000.00 al mes, sin considerar otros cultivos. Esto es más que el salario mínimo para un trabajo de tiempo completo en Guatemala.
Entonces Gilda decidió diversificar sus cultivos y ayudar a otros agricultores para que hicieran lo mismo.
Motivada por esta experiencia positiva, Gilda estableció una parcela demostrativa de frijoles para todos los miembros de su comunidad. Ella recibió semillas de frijoles mejorados, fertilizantes y asistencia técnica de parte de P4P, mientras ella proveyó el terreno, el acceso al sistema de irrigación y la propia mano de obra.
Ahora, Gilda espera la cosecha para ver si las prácticas agrícolas mejoradas hacen que valga la pena invertir en frijol también.